
Yo también tuve un mareador (de los de Sol Aguirre)
Hace unos meses tuve una conversación con una de mis primas, hablamos menos de lo que me gustaría con ella, pero siempre es todo como muy trascendental.
Le dije que no sabía si yo tenía algún talento.
De hecho yo estaba haciendo entonces un curso: Descubre quién eres.
Y me hizo una de esas revelaciones que te cambian la vida, me habló de Sol Aguirre.
Compartió conmigo unos podcats.
Y luego busqué su blog Las claves de Sol
Y es de esas personas IMPERDIBLES, que no te puedes perder.
Reconozco que ahora soy muy fan.
Y aunque cuando hablamos, ya estaba tratando de crear mi blog, porque escribir me hace feliz, desde que escuché a Sol decidí que debía seguir por ese camino.
Mi blog no tiene más propósito que el de contar historias que me han pasado o que nos pueden pasar a cualquiera de nosotras.
Y cuando lo hago me siento bien y quizá a ti también puede servirte.
En una de esas maravillosas entrevistas que le hacen a Sol hablaba del mareador.
Nunca había oído hablar de un mareador.
Y hoy, con su permiso, se lo voy a tomar prestado para mi post.
Porque desde que se lo escuché no sé definirlo de otra manera, porque es la definición perfecta.
Si lo buscas en la R.A.E:
Mareador, ra
De marear
1. Adj. Que marea
2. m. germ. Ladrón que da la mala moneda a cambio de la buena.
Si lo buscas en Google:
En cuanto pones mareador…
Se rellena solo con «mareadores las claves de sol» o con «mareador Sol Aguirre»
Cuando se lo escuché por primera vez no tenía ni idea de a qué se refería, pero cuando profundizó pude verlo, no tuve que hacer ningún esfuerzo.
Y sí, yo también tuve un mareador.
Es el típico capullo que además para ti está tremendo, por lo que sea, porque te gustan los altos, por sus ojos, por su labios, porque tiene un culo de escándalo, por sus manos, porque es el más divertido de las fiestas, porque sí y ya está.
En mi caso, él solo me mareaba porque yo estaba casada y él, insistía en que le gustaban casadas, porque según él, éramos las menos complicadas.
Durante mucho, pero mucho tiempo, me mantuve firme en el NO.
Sin embargo, mi matrimonio fuera el más maravilloso de la vida.
Algún día quizá haga un post con las señales para no meterse en un matrimonio que está abocado al fracaso… pero ese será otro post.
Yo era firme y eso hacía que él insistiera más.
Es cierto eso que cuando estás casada ligas más, porque debe ser que hay personas que quieren lo que «está cogido».
Recuerdo momentos con el mareador porque él siempre encontraba la forma de que nos perdiéramos delante de todos pero sin que nadie nos viera.
Recuerdo cuando al final sucumbí, y su llamada del día siguiente:
¿Te sientes culpable?
¿Eso era lo único que quería preguntarme?
El problema es que al menos yo, aunque quise ir de dura, como si no buscara un compromiso, como si solo quisiera tener una relación física, yo necesito que haya sentimientos.
Y él, lo único que quería era añadirme a su larga lista de conquistas.

Mr. Bing es el típico mareador.
Y siempre esperas que el tuyo se centre, y quiera dejar de ser tu mareador, para convertirse en el hombre de tu vida compartiendo el resto de vuestros días, pero déjame que te diga que eso no va a pasar.
El mareador es incurable.
Lo siento, esa es la verdad.
En mi caso, ese mareador fue una dosis de realidad, y me ayudó a darme cuenta que estaba atrapada en una vida que no me hacía feliz.
Gracias a ese mareador tomé las riendas de mi vida y me divorcié.
¿Me arrepiento de haber tenido un mareador?
No, porque creo firmemente que todas las experiencias, incluso las menos buenas, nos aportan un aprendizaje y algo bueno.
Así que le doy las gracias por formar parte de mi vida durante un tiempo porque hizo que tomara decisiones que me han llevado hasta donde estoy hoy.
Gracias también a Sol Aguirre por enseñarnos tanto.
Y tú, ¿has tenido un mareador?
Aunque aprendas de tu mareador, todas nos merecemos algo mejor.
Debemos querernos más y echarles de nuestras vidas.
Sacarnos a nuestro mareador es amor: amor propio.
Quiérete más.
Deja un comentario